Corría el año 1979 y el nombre de George Lucas ya resonaba con fuerza en la industria del entretenimiento. Con tal solo una película principal, unas pocas obras literarias, y a pesar de un muy polémico especial de Navidad emitido para televisión, Star Wars ya era todo un ícono de la cultura popular, y su creador era consciente de todo el potencial que tenía por delante.
Tanto fue así que, aquel mismo año, fundó Lucasfilm Computer Division con la intención de explorar nuevas áreas de entretenimiento. Estaba conformada por dos departamentos: uno dedicado al desarrollo de videojuegos y otro enfocado en la parte gráfica, respectivamente denominados Games Group y Graphics Group.
En un giro interesante de acontecimientos, el Graphics Group se desprendió de su empresa madre y pasó a ser una corporación propia, y en el año 1986 se convertiría en la famosísima Pixar.
El Games Group, por otro lado, tenía un objetivo claro y completamente lógico en mente: hacer juegos de Star Wars, el fenómeno cinematográfico que le dio razón de ser y sin el cual jamás hubiese existido.
Pero había un pequeño problema: los derechos para desarrollar videojuegos de esta franquicia estaban en posesión de Atari, quien a su vez había ayudado a financiar el establecimiento del Games Group. Y fue nada más y nada menos que, gracias a este obstáculo inicial, la empresa se vio forzada a crear conceptos originales.
Y qué originales que fueron… Todo aquel que haya jugado a alguna de sus aventuras gráficas no me dejará mentir. Pero llegaremos a esa parte en un momento.
En un principio, tuvieron que cooperar con Atari en la producción de videojuegos. El Games Group, ahora llamado Lucasfilm Games, desarrollaba títulos nuevos y Atari hacía de publisher en las consolas. En el reino de las computadoras, sus juegos eran publicados por Epyx y Activision, que, paradójicamente, fue fundada también en 1979 por exempleados de Atari que estaban disconformes.
El primer gran hito de Lucasfilm Games llegó con un juego para computadoras llamado Maniac Mansion, del año 1987, el primero en ser simultáneamente desarrollado y publicado por la compañía en cuestión. Una aventura gráfica de culto que, con casi 40 años a sus espaldas, sigue dando de qué hablar.
Fue un punto de quiebre que terminó definiendo la impronta de la empresa. Hasta ese momento, la división de videojuegos fundada por George Lucas se enfocaba en títulos relativamente menores para consolas de Atari y conceptos altamente experimentales para computadora, entre los que cabe destacar Habitat, de 1986, uno de los más tempranos ejemplos de juegos de rol en línea con interfaz gráfica.
Pero fue Maniac Mansion lo que dotó a Lucasfilm Games de identidad, incluso sin haber sido su primer juego de este género (este reconocimiento se lo lleva Labyrinth, basado en la película homónima, y que fue publicado por Activision).
Otras joyas siguieron en los años inmediatamente posteriores, entre las que cabe mencionar a Indiana Jones and the Last Crusade (1989), Loom (1990) y el excelentísimo The Secret of Monkey Island (1990). Para este entonces, Lucasfilm Games se había convertido en la desarrolladora de aventuras gráficas por excelencia.
En 1990, luego de una reestructuración de todas las empresas fundadas por George Lucas, la división de videojuegos pasó a llamarse LucasArts, su denominación más emblemática, reconocible y característica.
El primer título que lanzaron bajo este nuevo nombre fue nada más y nada menos que Monkey Island 2: LeChuck’s Revenge (1991), y le siguieron otras joyas del calibre de Indiana Jones and the Fate of Atlantis (1992), una secuela de Maniac Mansion llamada Day of the Tentacle (1993), así como Sam & Max: Hit the Road (1993), estos últimos tres con actuaciones de voz incluidas.
En la mayor parte de los títulos hasta ahora mencionados resonaban los nombres de desarrolladores legendarios como Ron Gilbert, Tim Schaefer y Dave Grossman, con quien tuve la suerte de intercambiar unas palabras.
Más tarde, LucasArts desarrolló otras aventuras gráficas espléndidas como lo fueron Full Throttle (1995), con la actuación de voz de Mark Hamill en el rol antagonista, y The Dig (1995), basada en una historia escrita por Steven Spielberg.
Pero, lamentablemente, el interés por este género empezó a menguar entre el público general a partir de mediados de los 90, y el ritmo de lanzamiento de sus entregas se vio ralentizado. De todos modos, LucasArts no estaba preparado para decirles adiós todavía.
En 1997, The Curse of Monkey Island salió a la luz. Y, al año siguiente, se publicó Grim Fandango, la primera aventura gráfica en 3D de la compañía y en la que se usan flechas para moverse en vez de la típica interfaz de point-and-click, y que además tiene una de las historias más originales jamás creadas para un videojuego. Una joyita que no puedo dejar de recomendar, y que afortunadamente fue remasterizada para generaciones de consolas modernas.
En el año 2000, LucasArts publica su última aventura gráfica, Escape from Monkey Island, recibida con tibieza entre el público general. Con la llegada del nuevo siglo, se cerró una etapa de esta mítica empresa.
Ahora bien, ¿y qué pasó con los juegos de Star Wars?
Como se mencionó anteriormente, sus derechos estaban con Atari, que se vino abajo con el infame crash del 83, y luego de que la licencia quedase en manos de otra empresa, LucasArts los recuperó en el año 1992.
El desarrollo de juegos de Star Wars corrió en paralelo a las aventuras gráficas durante los 90 y continuó durante la primera década de los 2000, pero su producción tuvo un estilo muy distinto. Los juegos de esta franquicia oscilan entre títulos muy únicos y otros que funcionan como versiones de Star Wars de otros juegos famosos publicados por compañías diferentes.
A modo de ejemplos, cabe mencionar a Dark Forces (1995, similar al Doom), Masters of Teräs Käsi (1997, parecido al Mortal Kombat), Episode I: Racer (1999, la versión Need for Speed de la saga), Demolition (2000, que recuerda un poco al Road Rash), Galactic Battlegrounds (2001, inspirado en Age of Empires) y hasta me animaría a mencionar al Battlefront (2004) por tener similitudes con el Counter-Strike.
Lejos de tratarse de meras copias, esto demuestra la enormidad y consecuente adaptabilidad de la franquicia, que logra tomar conceptos ajenos y hacerlos propios.
Por otro lado, existen propuestas originales tales como Rebel Assault (1993) y su secuela, Rebel Assault II (1995), Shadows of the Empire (1996), al que le tengo mucha estima, Rogue Squadron (1998), Jedi Power Battles (2000), Jedi Outcast (2002) y su secuela, Jedi Academy (2003), que forman parte de la misma sub-saga que Dark Forces, las dos entregas de Knights of the Old Republic del 2003 y 2004, ambas excelentes, así como Republic Commando (2005) y las dos entregas de The Force Unleashed en 2008 y 2010.
A pesar de que la calidad de estos títulos es más fluctuante y menos consistente que la de las aventuras gráficas, no dejan de ser parte fundamental y característica de LucasArts como empresa, y como fan de Star Wars, todos estos títulos son recordados y, de estar disponibles, jugados con mucho cariño.
Hasta el año 2010, la compañía publicó juegos con mucha consistencia. Pero en el año 2012, Lucasfilm fue adquirida en su totalidad por Disney, el mismo destino que sufrió en 2006 Pixar, su empresa hermana, y el panorama cambió completamente.
LucasArts fue dado de baja, al tener Disney su propia división de videojuegos, y solamente mantuvo su nombre para gestionar la concesión de licencias de Lucasfilm a desarrolladores externos. Y, en 2021, volvió a adoptar el nombre original de Lucasfilm Games.
Hoy en día se siguen desarrollando videojuegos de Star Wars, pero ya no tienen la impronta de antes, sencillamente porque su desarrolladora original no existe más. El nombre se mantiene vivo como un cascarón de lo que otrora fue, una mera mención de épocas pasadas.
A fines prácticos, LucasArts está extinto. Pero no así su legado.
Y no solamente por los juegos producidos. Muchos exempleados formaron sus propias empresas, tales como Double Fine Productions, de Tim Schaefer, y Telltale Games, de la cual Dave Grossman formó parte y que, a pesar de haberse fundido en 2018, revivió el furor por las aventuras gráficas con propuestas episódicas, entre las que se incluyen Tales of Monkey Island, una fantástica trilogía de Sam & Max, y el aclamado The Wolf Among Us.
Por otro lado, Ron Gilbert fundó varias compañías a lo largo su trayectoria, y sigue trabajando en ideas propias. En 2022, lanzó Return to Monkey Island, que concluye la trilogía original que tenía pensada al momento de dejar LucasArts en 1992.
La huella que dejó esta empresa es imborrable. Ha sido el motivo de interés en los videojuegos para varias personas, y muchos de nosotros experimentamos con sus aventuras gráficas algunas de nuestros primeros momentos como gamers.
Por supuesto, el nombre de este mismo sitio web le rinde homenaje. Es tan solo una pequeña muestra de su importancia para mí y tantos otros jugadores.