Crónica 01 de mayo de 2026

A Vampyre Story: una aventura gráfica perdida

El juego tenía potencial, pero cayó en el olvido y no mucha gente lo recuerda.

Es bastante raro que yo tenga copias físicas de juegos de computadora. Es verdad, tengo una clara faceta de coleccionista, pero está más bien abocada al mundo de las consolas, mi formato predilecto para experiencias de gaming.

Por eso es llamativo el caso del juego en cuestión, sobre todo si se tiene en cuenta que fue un fracaso comercial. Esto quiere decir que, probablemente, no debe haber tantas personas con una copia en sus casas.

A Vampyre Story, como el título del artículo lo indica, es una aventura gráfica. Publicada por Autumn Moon Entertainment (compuesta mayoritariamente por exempleados de la legendaria LucasArts) este juego vio la luz a finales del 2008, en una época en la que este género estaba bastante opacado y Telltale Games era la única empresa sacándolo a flote.

No recuerdo bien si habrá si sido ese mismo año o el siguiente, pero un día lo vi por casualidad en el mostrador de videojuegos de un Musimundo sobre la Avenida Cabildo, e inmediatamente me llamaron la atención las palabras de un texto en la portada: “De los artistas que te trajeron The Curse of Monkey Island”.

A Vampyre Story Cover
A Vampyre Story CD

Efectivamente, el responsable de la compañía desarrolladora y del proyecto en sí fue Bill Tiller, quien otrora trabajó como artista principal en juegos emblemáticos como lo fueron Full Throttle o The Dig (obras maestras de las que muy poco se habla), además del ya mencionado The Curse of Monkey Island.

La sola mención la franquicia protagonizada por Guybrush Threepwood me convenció al instante, ya que fue una de aquellas con las que crecí durante mi infancia.

En aquel entonces, yo tenía unos 15 años de edad, tirando ya para los 16, y aunque quizá ya estaba un poco grandecito para pedirle a mi mamá que me comprase videojuegos, lo hice de todas maneras. Así fue como me volví a casa con una copia de A Vampyre Story.

En la historia, el jugador controla a Mona De Lafitte, una cantante de ópera de finales del siglo XIX que se convierte en el objeto de obsesión de un vampiro bastante mediocre. A comienzos del juego, Mona, ya transformada en una criatura de la noche también, se determina a volver a su París natal, y, con la ayuda de Froderick, un murciélago parlanchín, se propone escapar del castillo en el que encuentra cautiva.

Habrá pasado alrededor de una década y media desde la última vez que lo jugué, pero mi recuerdo es mayormente positivo. Me cautivaron la historia, los paisajes, los puzles y la dirección artística general. Y, aunque no tenga un recuerdo vívido de la música, entiendo que el soundtrack está muy bien valorado.

El final del juego termina en un cliffhanger, y una secuela que nunca llegó a publicarse entró en producción. También comenzó el desarrollo de una precuela episódica, pero, lamentablemente, tampoco llegó a ver la luz del día.

Una pena, porque el juego en sí, aunque no sea perfecto, no es para nada malo, y el potencial definitivamente estaba ahí. Pero, lamentablemente, no todo relato es siempre una historia de éxito.